El valor de la gestión del mérito y del talento de las personas

Discurso pronunciado el 2 de octubre de 2015 en el acto de clausura de la 33ª edición de las Jornadas de Gerencia Universitaria, organizadas por la CRUE en la UDC.

Quisiera empezar agradeciendo a la Gerencia de la Universidad de A Coruña su amable invitación a participar en este acto de clausura de la trigésimo tercera edición de las “Jornadas de Gerencia Universitaria” impulsadas por la CRUE. Como presidente del Consello Social de la Universidad de A Coruña es un honor participar en este foro.

Mis felicitaciones, además, por esta iniciativa. Organizar unas jornadas, casi lo puede hacer cualquiera, más de 10 seguidas ya me empieza a parecer muy meritorio, renovar ese mérito a lo largo de 33 ediciones, convocando a casi 50 universidades, es encomiable. Obvio es decir que debatir, de manera abierta y constructiva, sobre la gestión de nuestras universidades, siempre aporta valor y si la calidad de los ponentes es la que ofrece el panel de estas jornadas, la excelencia del debate está garantizada.

En las salas de este Rectorado se ha hablado, entre otros temas:

  • De los retos de la financiación de las universidades públicas. Aquí los datos son evidentes, a todos los que creemos que el talento formado de las personas es el verdadero motor del desarrollo económico y social, y por tanto del bienestar general, y que en la formación de ese talento las universidades son protagonistas necesarios e insustituibles, nos resulta inaceptable que, según datos de la OCDE, entre 2010 y 2014 el gasto en educación en España cayera un 16,7% o que solo destinemos a I+D+i el 1,24% de nuestro PIB, frente al 2% de media de la Unión Europea y muy lejos de la inversión en países que son una referencia en desarrollo económico y social (Finlandia, Japón, Corea del Sur) y que ya están muy por encima del 3%. Definitivamente, España sigue cometiendo el error histórico de no apostar de manera clara por la educación y por la investigación.
  • Se ha hablado del valor de la transparencia y de la rendición de cuentas y animo a la Gerencia de la Universidad Jaume I a que el año próximo insista en ese gran reto que tiene que representar para las universidades su responsabilidad social, en su triple faceta de buen gobierno universitario, compromiso social y sostenibilidad medioambiental.
  • También se ha trabajado sobre las sinergias entre los niveles educativos y la marca país.
  • Sobre esa gran asignatura pendiente que es la generalización de la contabilidad de costes en todas nuestras universidades.
  • Sobre los retos del cambio digital y atención a la impresionante velocidad de crucero de la digitalización de la sociedad en esta cuarta revolución industrial en la que nos encontramos y que nos va a obligar a todos, empresas e instituciones públicas, a profundas transformaciones de nuestro modelo de funcionamiento.
  • Y, en fin, se han analizado los datos y conclusiones que refleja esa imprescindible publicación de la CRUE “La universidad española en cifras”, la última referida a los años 2013-2014 y que junto con “El informe sobre la contribución de las universidades españolas al desarrollo” que anualmente publica la Fundación CyD, dedicada a la promoción de la tercera misión universitaria y a cuyo patronato me honro en pertenecer, constituyen las dos grandes publicaciones periódicas a las que es obligado acudir para conocer la situación de la universidad española.

Mi condición de presidente del Consello Social, que como bien saben es el órgano de participación de la sociedad en el gobierno de la universidad, me obliga, siempre y en todo caso, a reflexionar no solo desde la respetable óptica de la comunidad universitaria, sino y sobre todo desde la más amplia de la sociedad. Todos sabemos y admitimos que la universidad no es de sus académicos e investigadores ni de su personal de administración y servicios ni de sus alumnos, sino de toda la sociedad, a quien presta el valiosísimo servicio público de la educación superior y que la sostiene mayoritariamente con sus aportaciones por la vía fiscal. Y no se trata de una retórica afirmación sobre el derecho de propiedad, sino de una intencionada declaración de responsabilidad, porque quien tiene la propiedad asume la responsabilidad y sin duda la tiene la sociedad, a través de sus legítimos representantes, de dotar a la universidad de un sistema de gobierno, gestión y financiación, capaz de generar instituciones eficientes y competitivas y con la excelencia internacional que requieren los tiempos actuales.

Estamos en unas Jornadas de Gerencia y mayoritariamente, entiendo, entre gerentes. Si algo me ha enseñado mi experiencia de más de 26 años en la empresa privada es el inmenso valor de la gestión y sobre todo de la gestión del mérito y del talento de las personas. Las organizaciones humanas, sean públicas o privadas, son lo que las personas que las componen hacen de ellas y, por tanto, su excelencia depende fundamentalmente de que a su frente estén quienes reúnen las adecuadas condiciones de capacidad y mérito y sean capaces de transmitirlas a la organización a través de los correspondientes instrumentos de gestión.

Hace algún tiempo, un destacado académico e investigador del sistema universitario gallego, con muchos años de docencia e investigación sobre sus espaldas, con ocasión de recibir un relevante premio concedido por un medio de comunicación, decía que la universidad pública española tenía tres defectos principales: atomización, falta de jerarquía y café para todos. Con estos mimbres es imposible fabricar un cesto excelente. El talento del capital humano de nuestras universidades es inmenso, pero la falta de operatividad y flexibilidad, y consiguiente riesgo de inmovilismo, del sistema de gestión, unido a los efectos de la falta de recursos, tiende a asfixiar su potencial y, en todo caso, limita drásticamente la capacidad de la organización para responder a las necesidades del entorno.

Vengo diciendo reiteradamente que, de esta situación, las universidades son más víctimas que culpables. Desde la Conferencia de presidentes y secretarios de las universidades españolas, llevamos años insistiendo en la urgencia de la modernización de nuestras universidades públicas. Es difícilmente entendible que en España hayamos sido capaces de acometer recientemente, con mayor o menor fortuna, la reforma de los sistemas financiero, de pensiones, laboral o del buen gobierno corporativo de las empresas y no hayamos emprendido, entre todos y desde el diálogo y la colaboración que se merece nuestro sistema de educación superior, la puesta al día del gobierno y de la financiación de las universidades públicas, cuando decenas de estudios y trabajos, en su mayor parte con relevante participación académica, y reiterados indicadores de resultados, coinciden en pedir su adaptación a los tiempos que vivimos, en línea con las mejores referencias mundiales en universidades.

En la actual sociedad global del conocimiento necesitamos a las universidades como potentes motores de transformación económica y generación del bienestar social. Esta gran tarea, decía hace algunos días el Vicepresidente de la Conferencia, Julio Revilla, al clausurar en la universidad Menéndez Pelayo un curso sobre “Impacto territorial de las universidades”, “requiere impulsar, de una vez por todas, la profunda reforma estructural que el sistema universitario español necesita para poder responder a los grandes requerimientos de nuestro tiempo. Ya no valen retoques parciales, hay que redimensionar sus estructuras productivas, darles sostenibilidad financiera en el tiempo y dotarlas de un sistema de gobierno claramente orientado a la satisfacción de las demandas sociales”.

Esta tarea, añado yo y ya concluyo, merece el esfuerzo conjunto y generoso de todos.

Muchas gracias y reitero mi enhorabuena a todos ustedes por la organización de estas jornadas y mi agradecimiento por la invitación a participar en este acto de clausura.

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