Sí, la ciencia es muy rentable

Artículo publicado el 16 de abril de 2020 en La Voz de Galicia

La actual pandemia del virus COVID-19 ha ratificado la alta valoración social de nuestro sistema sanitario, añadiéndole una bien merecida dosis de heroísmo que todos aplaudimos. Su financiación se basa en recursos obtenidos por vía impositiva y damos a la salud tal valor, que nadie pondría en duda la bondad de cualquier análisis coste-beneficio, por ingente que fuera aquel, para justificar su adecuada financiación. Sin embargo, con otro servicio público de no inferior valor social, la educación y sus derivados inherentes, la cultura, la ciencia y la investigación, el planteamiento varía completamente.

El gasto público en educación representa hoy en España el 4,24 % del PIB -el porcentaje más bajo desde 2006-. Solo cinco países de la UE-28 se sitúan por debajo de España y estamos a mucha distancia de referentes como Finlandia 6,75 % o Suecia 7,05 %. Y si nos vamos al gasto público en universidades, resulta que el indicador está en el 1,28% del PIB, el noveno valor más bajo de los 34 países de la OCDE (1,52% en promedio) que ofrecen información.

A este déficit de financiación ha de añadirse un verdadero problema cultural, la excesiva distancia entre universidad, la ciencia y la empresa y, en consecuencia, la escasa transferencia de resultados de la mucha y buena investigación que hace nuestro país (3,3 % de la producción científica mundial y de ella el 60 % las universidades) al sector productivo. No logramos convertir esa investigación en desarrollo económico y social y creación de puestos de trabajo. No facilita este objetivo la estructura de nuestro tejido productivo, basado en sectores intensivos en mano de obra de baja cualificación, con escasa vocación innovadora y constituido inmensamente por microempresas y pymes (95 % con menos de diez trabajadores y 83 % con menos de tres, solo 0,8 % de empresas medianas o grandes). Necesitamos más empresas, de más tamaño y más innovadoras, porque en un sistema de economía de mercado, único posible en el mundo actual, son el instrumento necesario e insustituible para nuestro bienestar social.

La universalización y calidad de la sanidad española genera un coste elevado. Asumimos además que vamos hacia una sociedad envejecida y la vejez conlleva elevadas facturas por gastos de pensiones y sanitarios; su financiación solo será posible con más y mejor ciencia y un sector productivo más competitivo.

La Conferencia de Consejos Sociales de las universidades españolas (CCS), que agrupa a los órganos de participación de la sociedad en la universidad, aprobó el pasado día 1 una declaración institucional ante el impacto del COVID-19 en España. Venimos insistiendo en que la ciencia en España es rentable si se gestiona el talento con criterios de mérito y competitividad, como lo demuestran modelos como el CRG, el CNIC, los Ikerbasque en el País Vasco e Icrea en Cataluña. O, sin ir más lejos y dentro de su modestia, el programa Intalent UDC-Inditex para la contratación de investigadores posdoctorales que, tras tres años de actividad, ofrece un retorno de cuatro euros por cada uno invertido. Un reciente estudio del Instituto Valenciano de Investigación Económica (IVIE) promovido por la CRUE -Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas- y por la CCS, concluye que la universidad devuelve a la sociedad 4,3 euros por cada uno que la administración publica invierte en su financiación. Ahora pedimos que de esta crisis se extraigan conclusiones correctas, entre ellas que la ciencia y la investigación no solo son rentables y crean riqueza y bienestar, sino que además salvan vidas humanas. Vencida la pandemia y cuando afrontemos nuestra reconstrucción económica y social, debemos prestar mayor atención a la ciencia y a la investigación, a su íntima conexión con la universidad como productora de talento y conocimiento, a la necesaria mejora de su gobernanza y financiación, siguiendo los mejores modelos europeos comparables y a su necesaria vinculación con la empresa.

Vencida la pandemia y cuando afrontemos nuestra reconstrucción económica y social, debemos prestar mayor atención a la ciencia y a la investigación.

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