La UDC acoge la exposición fotográfica de Antonio Legerén ‘Miradas de Uganda’

Antonio Legerén Molina: “Sería reduccionista limitar la internacionalización a países del primer mundo o a actividades exclusivamente académicas”. La exposición fotográfica ‘Miradas de Uganda’ recorrerá durante los próximos meses los campus de la Universidade da Coruña. Las instantáneas llevan la autoría del profesor de la Facultad de Derecho Antonio Legerén Molina, que colabora con la ONGD Cooperación Internacional impulsado, afirma, por “las ganas de ayudar”. Convencido de que su experiencia en terreno como voluntario le ayuda a descubrir el valor de las personas cuando regresa a las aulas, Legerén subraya la importancia de la empatía, “aunque no figure oficialmente en el currículum académico”.

Es voluntario en la ONGD Cooperación Internacional. ¿Qué lleva a un profesor de la Facultad de Derecho a cooperar, por ejemplo, en Uganda?

Las ganas de ayudar. A poco que uno se pare a mirar a su alrededor descubre que hay mucha gente con muchas necesidades de diverso tipo. Y si en tu mano está el ayudarles, ¿por qué no? Que sea en Uganda es, por decirlo de algún modo, una cuestión secundaria: lo importante es la actitud de ayuda. Aquí, allí… ¡Donde sea! [enfatiza] Con esta premisa, en concreto, la selección de Uganda se debió a dos motivos: se trata de un país cuya renta per cápita es treinta veces inferior a la de España –por tanto, están necesitados de ayuda– y es una zona relativamente estable dentro del continente africano.

Más allá del aprendizaje a nivel personal, ¿cómo aplica profesionalmente, en las aulas, sus experiencias de cooperación en terreno?

Creo que la experiencia del voluntariado internacional te da una visión distinta de la vida. Y si se trata de un país más pobre que el tuyo, te ayuda a discernir qué es lo realmente importante. Por eso, sin darte cuenta, vuelves a las aulas con el prisma un poco cambiado: no ves gente, ves personas; te fijas más en lo importante y menos en cuestiones secundarias. Ves su valor como personas, lo mucho que pueden dar de sí, etc. Lógicamente, esto luego se concreta en muchos detalles: intentar conciliar, esforzarse por escuchar con atención a cada uno… Bueno, aunque no siempre se consiga.

¿Considera que la sensibilización de los alumnos en torno a temas como la situación de países en vías de desarrollo debe ser complementaria a la formación académica?

Sin duda. Es más, sin esa dimensión creo que la personalidad –e incluso el currículum académico– está incompleto. Sería una lástima no haber tenido la oportunidad de “ponerse en la piel” de los demás, sobre todo cuando tienen menos recursos. Y al contrario, intentar ponerse en su lugar –ver como ellos ven, pensar como ellos piensan– enriquece enormemente a uno… aunque esa riqueza no figure oficialmente en el currículum académico.

Las estancias internacionales del profesorado y el personal investigador son habituales. Sin embargo, la colaboración para el desarrollo como la que usted realiza es menos común. ¿Considera que la cooperación debería tenerse más presente en el día a día de la internacionalización del profesorado?

Sí. El mundo es muy grande y, en mi opinión, sería reduccionista limitar la internacionalización a países del primer mundo o a actividades exclusivamente académicas. Hay muchas más realidades por conocer que enriquecen tanto o más que estas a que me refiero. Que, por cierto, recomiendo a todos.

¿Qué tipo de fotografías pueden verse en la exposición ‘Miradas de Uganda’ que, bajo su autoría, recorrerá los campus de la Universidade da Coruña durante los próximos meses?

Sobre todo, fotografías de personas. Con ellas se intenta mostrar en qué consiste este proyecto humanitario… pero siempre a través de personas que se encuentran en su entorno natural y en su medio habitual de vida. En la organización de la exposición y en la selección de fotografías he podido contar con la inestimable ayuda de dos alumnos de la UDC: Daniel Candal Álvarez y Aitor Arias Cruz. Les estoy muy agradecido, pues han puesto su amplia experiencia en el mundo de la fotografía al servicio de la idea que se pretendía transmitir. Gracias a ellos, la selección de fotos realizada tiene unidad y coherencia y, como digo, por la experiencia que tienen, han sabido darle un “toque” que, de otro modo, no se habría conseguido. Así, la mayor parte de las fotografías muestran personas con las que no es difícil conectar. Y es que aunque en Uganda hay muchas necesidades materiales hay otros aspectos en los que los europeos podemos aprender mucho: la amistad, el compartir, la ilusión por vivir… Y ¿quién no conecta con personas con ese modo de actuar? Eso es, creo, lo mejor que se puede ver en “Miradas de Uganda”.